Los angeles.

Los Ángeles, seres celestiales, no son bichos amantes de la tierra. Ellos prefieren volar.Aun así, a veces, se esconden entre los mortales para ir al cine, allá arriba no llegan los estrenos.Son torpes caminando, y se ven algo estupidos. Claro, acostumbrados a volar, cuando aprenden a caminar, ya tienen que volver.Ojo, no se caen, bajan, volando con cuidado, haciendo finitos a las chimeneas. Aterrizan, más bien. Por que los Ángeles caídos son otra historia. Pobres, si se caen, se les rompen las alitas, y la frustración de tener que quedarse los hace enojar. Y creanme, señores, que no hay nada peor que un ángel caído y enojado.

Vaca y toro

La vaca le dice al toro: llevame a una fiestita. El toro se disculpa: lo siento, pero hoy no tengo guita. La vaca le retruca: entonces hagamos una vaquita.

Oso encarcelado.

En la tarde de ayer la Policía Bonaerense logro dar con el paradero de un oso acusado de robar un supermercado chino en pleno centro platense. El oso se enfrenta a una acusación que puede llevarlo a la cárcel hasta por diez años. La estrategia de la defensa del Oso apuesta a una reducción de la pena, ya que el oso, al momento de concretar el hecho, no estaba en "plena facultades" y que es clara la persecución política que sufre su cliente producto de su condición de Oso: "En lugar de buscar a López, la policía usa su política represiva para atormentar a vecinos honrados como mi cliente". Por su parte el fiscal entendido en la causa rechazo las teorías de la defensa y aseguro que "ningún oso puto y drogon puede quedar impune".

Hambre de amores.

Sebastián ama a su gente. Los ama tanto que les gustaría comérselos. Abrir la boca grande como un cocodrilo y de un bocado hacerlos parte integrante de el mismo. Para tenerlos siempre en el. Para que no se escapen, ni se pierdan en el tiempo.

Conformismo.

Anoche abrí la ventana y me arroje al vacío. Para mi sorpresa caí sobre un auto de gelatina. No es precisamente lo que espera un suicida. Entonces levante la vista y me vì en una ciudad hermosa, pequeña, y comestible.Me hubiera gustado conocerla más, pero ese auto estaba realmente riquísimo.

El sueño de Sebastian.

La gente se sacude en la oscuridad con movimientos frenéticos al ritmo de los tambores. El salón esta lleno de gente, esta en su frenesí violento, se choca, hasta convertirse sus movimientos en un simple vaivén.En el medio de la habitación esta Sebastián. El también intenta moverse. A pesar del calor, del sudor ajeno que le roza la piel y lo empapa, el esta feliz. Todos están felices de bailar, de transpirar, de no escuchar nada más que el sonido de los tambores. Es entonces Cuando Sebastián abre los ojos y la ve. Debajo de una luz incandescente esta Ella es el único ser que esta quieto en aquel salón. Con su mirada seria, que parece desafiarlo.Otra luz hace aparecer el cuerpo de Sebastián y la gente se aleja de el.El no entiende que aquel ser se niegue al placer y decide darle una lección. Saca su látigo y lo hace sonar contra el piso. Ella no retrocede, no parece afectarle la mirada asesina de él.El se acerca amenazante. Ella lo espera. El da otro paso, y entonces, ella avanza. Y el comprende que esta perdido.

Un ratito.

Me gustaría que me regales un ratito. Otro más. Para volver a caminar por el bosque. Para volver a besarte por primera vez. Para ensuciarnos. Para volver a dejarnos. Pero, esta oportunidad, por un ratito nada más.

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